por Lina Arriaga

Hola, yo soy Lina, tengo 45 años, y correr llegó a mi vida en 2019 como una forma de cuidar mi salud mental. Con el tiempo también se volvió una manera de honrar mi salud física, de escucharme mejor y de recordarme que mi cuerpo merecía atención, fuerza y amor. Desde que cumplí 40 años me realizo una mastografía anual, convencida de que la prevención también es una forma de quererse.
En 2024, en una de esas revisiones que uno espera con calma pero con respeto, recibí un resultado que cambió mi vida: BIRADS 5. Aquellas letras y ese número significaban una alta probabilidad de malignidad. A partir de ahí comenzó una nueva etapa, una de incertidumbre, estudios, diagnósticos y miedo. El 23 de diciembre de 2024 me confirmaron cáncer de mama en etapa 3, triple positivo.
Desde ese momento mi batalla dejó de ser sólo contra una enfermedad. También fue una lucha por conservar mi identidad, mi energía y mi esperanza. Pasé por 6 quimioterapias muy fuertes, una cirugía conservadora de mama en la que me retiraron 9 ganglios linfáticos, 15 radioterapias, 18 aplicaciones de trastuzumab y ahora debo tomar tamoxifeno durante 5 años. El 24 de enero de este año sufrí además un ataque isquémico transitorio; fueron 5 horas difíciles, en las que incluso perdí la capacidad de hablar con normalidad por un momento. Pero regresé.
Y si algo me sostuvo en medio de todo, fue haber empezado a entrenar antes de que la enfermedad tocara mi puerta. El running, junto con el entrenamiento de fuerza, me dio una base física y mental que me ayudó a resistir. No fue fácil. Hubo un año entero en el que dejé de entrenar por completo debido al tratamiento y a los efectos tan duros en mi cuerpo. Me quedé sin un solo pelo en todo el cuerpo, y también pasé por momentos muy tristes, como aquel medio maratón de 2025 que no pude correr porque estaba en plena quimioterapia. Lloré ese día. Y también me hice una promesa: si me curaba, este año sí lo correría.
Hoy, con gratitud y con una fuerza que nació de las cicatrices, puedo decir que soy sobreviviente. Gracias a los médicos del INCan, que hicieron todo lo posible por controlar mi enfermedad, hoy estoy aquí, entrenando, esforzándome, cumpliendo mi promesa paso a paso. No estoy corriendo perfecta, ni sin secuelas, ni sin cansancio. Estoy corriendo con todo lo que soy, con todo lo que viví y con todo lo que aún estoy sanando.
Me estoy preparando para el medio maratón de este 12 de julio, que contará una vez más con la marcación de Márcate, la más precisa. Y aunque ya no pienso en un tiempo específico, sí pienso en llegar. En hacerlo lo mejor que pueda. En cruzar esa meta con la certeza de que no me rendí.
Porque a veces correr no se trata de velocidad.
A veces se trata de volver.
Volver al cuerpo, volver a la fe, volver a una misma.
Y yo, después de todo, estoy volviendo a mí.
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