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No es de Dios

by • 18 February, 2016 • WebSiteHomeComments (0)1743

Cuarta Carrera American Express

“Guardianes de la Cultura”.

No es de Dios. Seis de la mañana y estoy en Reforma. El cielo aun no clarea. Contrariamente a lo que pensé no soy el único con cara de dormido. Muchos de los acompañantes tienen la misma cara que yo. Los participantes de la carrera se estiran, calientan, trotan. Eso algunos, porque la mayoría están en grupos de amigos animadamente platicando. Comentan que si quieren bajarle a su tiempo, que si ahora sí entrenaron, que  la primera vez que corrieron venía la ambulancia detrás de ellos. Se respira un buen ambiente, de fraternidad, algo así como La Sociedad de los Poetas Muertos, pero con shorts (podríamos llamarla La Sociedad de los Corredores Exhaustos). Me paseo entre ellos para contagiarme de su energía…parece que funciona.

A las seis veinte se escucha la voz de Alejandro Correa, La Voz de la Carrera, según se autonombra ¿será como el Santo, que tiene una personalidad oculta? No sé, pero oírlo me recuerda a “canal 5 al servicio de la comunidad…” La verdad es que Alejandro le pone ese toque de dinamismo, tan necesario a esa hora de la mañana.

Ya para las seis y media están abiertos los lockers y comienza la primera fase de la carrera. Todos quieren llegar lo más rápido para estar listos. Diez minutos después ya se ha formado el pelotón de salida, aunque todavía los tienen contenidos a unos cincuenta metros del Arco de Meta. Siguen las instrucciones, repetidas una y otra vez a fin de evitar que algún despistado corra en una distancia distinta a la que se inscribió. Mientras tantos las botargas de los patrocinadores se divierten de lo lindo. Animan a los corredores a gritar, saltar, levantar los brazos. Bailan, corren, saludan a los niños.

Cinco minutos más y comenzará la carrera. El pelotón avanza, de forma ordenada hasta situarse a centímetros del Arco de Meta. No falta el que, aprovechando el avance, se cuele unos lugares adelante, quieren ser los primeros en salir (ya hablaremos de ese fenómeno en otra columna). Todos se ven nerviosos. Unos, muy concentrados, saben a lo que van y cuáles son sus objetivos; otros porque es su primer carrera y no saben qué les espera, ¿podrán terminar?, en fin, tanto veteranos como novatos esperan ansiosos la cuenta regresiva. Pero antes de empezar, y como en todo acto deportivo, cantamos el Himno Nacional. Tanto participantes como espectadores lo entonamos, temerosos de que, como al Coque Muñiz, se nos olvide alguna estrofa; afortunadamente no tenemos un micrófono delante, por lo que si alguien se equivocó ni nos enteramos. Con el último acorde comienza la cuenta regresiva, y al llegar al cero salen volados los primeros corredores seguidos por los de más atrás. Los últimos van caminando, tranquilos, pero al llegar al Arco, donde comienza a contar su tiempo, aprietan el paso.

Cinco minutos después se forma el pelotón de salida de la carrera de 5K. Antes de salir disfrutamos de un bonito bailable, como los que hacía 5°A, en la primaria, pero un poco más profesional. Mientras dura el número musical, los corredores aprovechan para ajustar los ipods, calarse los audífonos, calibrar los gadgets que miden el tiempo, la velocidad, la frecuencia cardiaca, en fin, una chulada que ya los hubiera querido el hombre nuclear. En esta distancia participan varios minicorredores; unos no tan mini, de 8 a 12 años, seguramente motivados porque sus papás también corren; y otros muy mini, que hacen el recorrido pero ni se inmutan, pues los llevan en sus carreolas ¿serán los campeones del futuro o decidirán que ya participaron en muchas carreras de chiquitos? Termina el espectáculo musical y después el conteo. La mayoría de los participantes salen, aunque no faltan los que esperan a sus amigos, ¿y por qué no?, aprovechan para tomarse la selfie.

Durante la carrera nos informan que parte de las ganancias se destinarán a diversos proyectos culturales, siendo el Museo Interactivo de Economía, el Museo de Arte Popular y el Museo Tamayo de Arte Contemporáneo, los beneficiados.

Poco a poco van llegando los competidores. Cada vez que llegan los primeros lugares de cada una de las carreras, de cada rama,  las edecanes ponen el listón de meta y el locutor anuncia con gran entusiasmo su llegada. No sé si fue el día o que había muchos más corredores que espectadores, pero el público no estaba muy entusiasta, salvo una señora, atrás de mi, que le aplaudía a cuanto llegara. “Muy bien, chicos” gritaba sin importar que “los chicos” tuvieran más de cincuenta años. Me fui al área de recuperación y ahí el ambiente era distinto. El staff les daba la bienvenida con gritos, porras y, obviamente, su kit de recuperación. Los corredores que llegaron primero animaban a los que iban arribando después, y los grupitos de amigos se volvieron a reunir para platicar sus experiencias. Los papás que corrieron se reunían con sus hijos, y juntos caminaban por Reforma, en espera de los resultados. Visitaban los stands de los museos, siendo el de Economía el que se distinguió, al tener a Karl Marx y a Adam Smith explicando a la gente en qué consistía el museo.

En fin, fue una mañana muy interesante. La organización estuvo de diez. Tanto Emoción Deportiva, Márcate y las autoridades delegacionales trabajaron en forma conjunta para que los corredores disfrutaran de una carrera sin contratiempos ni enfados.  Los espectadores tampoco tenemos queja, salvo yo. Ojalá y American Express me invite a su zona VIP para la próxima vez.

Gracias a American Express cinco mil participantes se convirtieron en “Guardianes de la Cultura”.